A solo 50 km de Valencia, un paraje 'escocés' esconde las ruinas de un monasterio del siglo XIV

Aunque es un lugar ideal en cualquier época, el otoño le añade un encanto inigualable con su paleta de colores

A solo 50 km de Valencia, un paraje 'escocés' esconde las ruinas de un monasterio del siglo XIV

En el corazón de la Ribera Alta se esconde La Murta de Alcira, un verdadero paraíso para los amantes del senderismo. Este valle debe su nombre al mirto o murta, una planta aromática que crece profusamente en la zona, y cuya historia se remonta a la Edad Media. Fue aquí, en el siglo XIV, donde los monjes jerónimos erigieron el Monasterio de Nuestra Señora de la Murta. Con el tiempo, este lugar se consolidó como un relevante centro espiritual y cultural, ejerciendo una notable influencia en toda la comarca, además de ser conocido por la singular belleza de su entorno. A pesar de que el monasterio permanece hoy en ruinas, su silueta aún se alza, imponente y misteriosa, entre las montañas. Cubierta de vegetación y envuelta en un silencio casi sagrado, conserva intacta la capacidad de asombrar a todo aquel que se adentra en este rincón

Las comparaciones con Escocia, aunque guardando las distancias, son inevitables. El valle presenta un paisaje ondulado, con laderas densamente pobladas por pinos y carrascas. La combinación de estos verdes con el gris de las ruinas del monasterio, y la luz que se filtra a través de la arboleda, evocan fuertemente la atmósfera de los valles británicos. A esta melancolía histórica se añade el sello inconfundible del Mediterráneo: un clima agradable y un aire perfumado con hierbas silvestres

Gracias a la notable variedad botánica que florecía en el valle, este paraje fue, en el pasado, un punto estratégico para la producción de medicinas naturales. El valor de sus plantas curativas era tal que llegó a ser conocido como 'La Vall dels Miracles', debido a los supuestos beneficios de su vegetación. Durante sus siglos de esplendor, el monasterio de la Murta atrajo a importantes figuras: fue refugio de nobles, escritores y religiosos de renombre, e incluso recibió la visita de reyes y virreyes. Sin embargo, la Desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX, marcó su declive. El conjunto quedó abandonado y la naturaleza reclamó su espacio. Precisamente este abandono le otorga ese aire melancólico y romántico que tanto recuerda a los castillos y ruinas olvidadas del norte de Europa.